Otro año más se termina y llegó el momento del típico balance del mismo. ¿Qué hice bien? ¿Qué salió mal? Por suerte, la balanza se inclina hacia lo primero. No fueron 12 meses para descartar ni para olvidar fácilmente, aunque claramente se pudo estar mejor (siempre se puede)
El año arrancó con todas las pilas, yendo a San Clemente con mis amigos donde la pasamos increíble. Fueron 10 días que me hicieron acordar mucho al viaje de egresados, supimos convivir pese a todo y me hubiera encantado volver este verano. Luego me fui hasta Mar de Ajo donde estaban mis viejos, para seguir la gira veraniega. Otros días buenisimos, exceptuando el robo que sufrimos en el departamento, donde, entre otras cosas, se llevaron mi computadora (hijos de puta!) Amén de eso, las vacaciones estuvieron geniales.
Me volví antes en un micro que entró en todos lados, sólo para poder estar en el Monumental vs Banfield. River, River de mi vida! Qué año con vos, acompañándote a todos lados! Qué feliz me hacés, pese a todo. Conocí nuevas canchas, como la de Colón, Banfield, Lanús, Argentinos, Independiente, etc. A pesar de no haber sido un año excelente en lo deportivo, el club vivió buenas cosas, se cumplió el primer año de gestión post Aguilar (a mi entender, super satisfactorio). Convivimos con algo a lo que no estabamos acostumbrados, pero la gente siempre respondió y acompañó, eso fue inolvidable. Pasé los 90 partidos siguiéndote y por fin te vi ganarle a Boca, en un partido que tuvo tantos condimentos que será inolvidable.
Las facultades comenzaron en marzo con el desafío de soportar un año entero dos carreras. Arranqué con todo pero luego me di cuenta que no quiero abusar en el 2011, quiero estar tranquilo y no tan a las corridas como este 2010 que ya se va. Lo más lindo fue compartir estos meses junto con mis compañeros, excelentes personas (tanto los de Nutri como los de periodismo) quienes se convirtieron en mi familia allá en Capital y me bancaron en todas. Fue un año académico muy bueno, con todo aprobado en mi 2do año de Periodismo Deportivo y con dos materias mas de Nutrición adentro (vamos por más en el 011). A lo último debo reconocer que ya no aguantaba más, me costaba HORRORES concentrarme pero bueno, me superé a mi mismo y el sacrificio dió sus frutos.
Uno de los hechos más importantes de este año fue que allá por septiembre tuve la suerte (gracias a mis viejos) de mudarme a un departamento solo en Capital. Una expeciencia increíble, aprendí muchisimo y sin dudas lo voy a seguir haciendo. Estoy cómodo en un barrio que me gusta mucho y las cosas se hicieron un poco más fáciles.
No me puedo olvidar de las vacaciones de invierno, yendo otra vez a mi querida Córdoba, con nuevos recorridos, nuevas caras por conocer y lugares. Sin dudas una provincia que me hace muy bien, ah y claro está, la llegada de mi primita Clara Angelina, hermosa por cierto.
Tampoco puedo dejar a un lado a las personas que me acompañaron durante este año. De muchos ya no supe más, por cuestiones acordadas (no siempre mutuamente), pero bueno, no puedo obligar a nadie a que esté conmigo. Gracias, pero gracias de verdad a todos aquellos que me dieron la posibilidad de conocerlos en este 2010. Estoy muy agradecido por los nuevos amigos, compañeros y conocidos que encontré. Sin dudas, ustedes fueron un condimento especial en estos 12 meses.
Párrafo aparte a mis AMIGOS, a quienes descuidé mucho y que considero que eso fue lo más feo de este año, como les dije si lo hice no me di cuenta y estoy arrepentido. GRACIAS, siempre, por ser incondicionales y por acompañarme en todo momento, me planteé para el siguiente año que no vuelva a pasar lo mismo y estoy dispuesto a cumplirlo.
¿Qué espero para el 2011? Lo mismo, o mejor de lo que hice hasta ahora. Seguir superándome, cumplir objetivos, disfrutar del dia a día rodeado de la gente que quiero y que elegí para que esté conmigo; familia y amigos. Disfrutar de las merecidas vacaciones en la costa, llegar a los 100 partidos siguiendo a River, comenzar y culminar mi último año de Periodismo Deportivo, avanzar en Nutrición, equivocarme lo menos posible y aprender de eso, que los momentos tristes sean los menos posibles, no olvidarme nunca de lo que me hace bien y seguir siendo como soy, fiel a mi mismo.
Por todo esto gracias 2010, brindo por que el 2011 traiga cosas buenas para todoa, SALUD lo primordial y sobre todo, PAZ. Tranquilidad para un año político bastante movidito (no hace falta que aclare a quién voy a votar, jaja) y a seguir avanzando.
SALUDOS Y FELICIDADES PARA TODOS!
Acá van algunos textos escritos por mi en momentos de ocio o algunos tp de la facu..espero que les guste!
miércoles, 29 de diciembre de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
Llegó la hora de seguir demostrando

Hace diez años atrás nuestra Selección de hockey femenino pasó a ser algo más que un conjunto de grandes jugadoras para convertirse en "leonas". Nadie pensó ni se imaginó que desde ahí, la historia que escribirían estaría plagada de triunfos y gloria que marcaron historia.
Nuestras Leonas supieron resurgir de las cenizas como el ave fénix y en este último tiempo, nos mal acostumbraron con las medallas y logros obtenidos. Porque, a pesar de que no cuenta con el seguimiento o la popularidad que poseen otras selecciones locales (como las de fútbol o básquet, entre otras) el conjunto dirigido por Rategui se destaca entre los mejores del mundo y hace más de una década que se mantiene en la elite mundial.
Las chicas cuentan con una racha abrumadora: desde el año 1999, no se bajan del cuarto puesto de ninguna competición internacional. Es por eso que se convirtieron en la Selección Nacional que mejor nos representa tanto a nivel local como a nivel mundial. Pasaron consagraciones en los Champions Trophy, Juegos Olímpicos y hasta el oro en el mundial del 2002, en Holanda. Luciana Aymar (sin dudas, la mejor del mundo) y Soledad García son las únicas que siguen vigentes de aquel equipo del 2000, y aunque pasaron tantas jugadoras distintas el esfuerzo, sacrificio y la unidad son los estandartes característicos que no se modifican.
Ahora llega una nueva oportunidad para continuar este camino tan exitoso: mañana comienza el mundial nada más ni nada menos que en Rosario, Santa Fe. Las Leonas serán más locales que nunca y seguramente serán acompañadas por una multitud que esperará ansiosa por más rugidos. El equipo llega con los ánimos en alza luego de la última corona en el Champion de Australia, hace un mes atrás, e invicto en los últimos amistosos disputados.
Sin dudas, al seleccionado argentino le sobran distinciones como para asegurar que son el ejemplo a seguir y que sea cual sea el resultado, ya se ganaron un lugar más que merecido en la historia del deporte argentino. Ahora llegó el momento de seguir demostrando que estas Leonas conocen muy bien cómo transitar el camino hacia la gloria.
¡Vamos Argentina!
sábado, 21 de agosto de 2010
Algo de ética
Hoy no voy a escribir demasiado, refiriéndome, claro está, a la producción propia. Mientras leía el primer apunte de "Relaciones humanas y ética", mi nueva materia cuatrimestral del 3er año de Nutrición, sentí la necesidad de transcribir un fragmento que me resultó más que interesante. Como no podría ser de otra manera, corresponde a "Ética para Amador", el libro que Fernando Savater decidió escribirle a su hijo.
Elegí este segmento en especial porque a veces, generalmente cuando estamos mal, tristes o directamente no sabemos en qué pensar, nos preguntamos cosas que parecieran no tener respuesta y quedar así como meras preguntas retóricas. Por eso les propongo que lo lean detenidamente, porque está muy bueno, y como si fuera un profesor, los invito a reflexionar. Aquí va:
"Mira, la vida tiene sentido y sentido único; va hacia adelante, no hay moviola, no se repiten las jugadas ni suelen poder corregirse. Por eso hay que reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo que se hace. Después...guardar siempre el ánimo ante los fallos, porque la suerte también juega y a nadie se le deja acertar en todas las ocasiones. ¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer. [...]
De modo que es la vida lo que vale...incluso para quien llega a la conclusión de que no vale la pena vivir. ¡Más razonable sería preguntarnos si tiene sentido la muerte, si la muerte vale le pena, porque de ésa si que no sabemos nada, ya que todo nuestro saber y todo lo que para nosotros vale proviene de la vida! Creo que toda ética digna de ese nombre parte de la vida y se propone reforzarla, hacerla más rica. [...]
Pero,¿hay vida después de la muerte? Lo que me interesa no es si hay vida después de la muerte, sino que haya vida antes. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir. [...]
La buena vida no es algo general, fabricado en serie, sino que sólo existe a la medida. Cada cual debe ir inventándosela de acuerdo con su individualidad, única, irrepetible...y frágil. En lo de vivir bien, la sabiduría o el ejemplo de los demás pueden ayudarnos pero no sustituirnos...La vida no es como las medicinas, nos la dan sin receta y sin prospecto. [...]
Ya que se trata de elegir, procura elegir siempre aquellas opciones que permiten luego mayor número de otras opciones posibles, no las que te dejan cara a la pared. Elige lo que te abre:a los otros, a nuevas experiencias, a diversas alegrías. Evita lo que te encierra y lo que te entierra"
Del Epílogo "Tendrás que pensartelo", "Ética para amador", de Fernando Savater.
Elegí este segmento en especial porque a veces, generalmente cuando estamos mal, tristes o directamente no sabemos en qué pensar, nos preguntamos cosas que parecieran no tener respuesta y quedar así como meras preguntas retóricas. Por eso les propongo que lo lean detenidamente, porque está muy bueno, y como si fuera un profesor, los invito a reflexionar. Aquí va:
"Mira, la vida tiene sentido y sentido único; va hacia adelante, no hay moviola, no se repiten las jugadas ni suelen poder corregirse. Por eso hay que reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo que se hace. Después...guardar siempre el ánimo ante los fallos, porque la suerte también juega y a nadie se le deja acertar en todas las ocasiones. ¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer. [...]
De modo que es la vida lo que vale...incluso para quien llega a la conclusión de que no vale la pena vivir. ¡Más razonable sería preguntarnos si tiene sentido la muerte, si la muerte vale le pena, porque de ésa si que no sabemos nada, ya que todo nuestro saber y todo lo que para nosotros vale proviene de la vida! Creo que toda ética digna de ese nombre parte de la vida y se propone reforzarla, hacerla más rica. [...]
Pero,¿hay vida después de la muerte? Lo que me interesa no es si hay vida después de la muerte, sino que haya vida antes. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir. [...]
La buena vida no es algo general, fabricado en serie, sino que sólo existe a la medida. Cada cual debe ir inventándosela de acuerdo con su individualidad, única, irrepetible...y frágil. En lo de vivir bien, la sabiduría o el ejemplo de los demás pueden ayudarnos pero no sustituirnos...La vida no es como las medicinas, nos la dan sin receta y sin prospecto. [...]
Ya que se trata de elegir, procura elegir siempre aquellas opciones que permiten luego mayor número de otras opciones posibles, no las que te dejan cara a la pared. Elige lo que te abre:a los otros, a nuevas experiencias, a diversas alegrías. Evita lo que te encierra y lo que te entierra"
Del Epílogo "Tendrás que pensartelo", "Ética para amador", de Fernando Savater.
viernes, 23 de julio de 2010
Un gran tipo, mi abuelo

Aún recuerdo la última charla que tuvimos. No fue extensa ni mucho menos, tan sólo un intercambio de palabras. "¿Cómo te esta yendo en los parciales?", preguntaste, con aire de preocupación. Después de mi respuesta, de habernos saludado, de llegar a mi casa me quedé pensando todo el día en ese encuentro. Si, vos, mi abuelo, te habías interesado en mi situación académica, estabas al día con mis exámenes, querías que me vaya bien. Resulta extraño, y triste a la vez, pero esa fue la última oportunidad que te vi con vida.
Mi abuelo era una persona especial, increíble. Nunca ibas a demostrar un cariño explícito, no había ningún "te quiero" ni abrazos afectuosos. Tampoco hacían falta. Nos conocíamos mucho y sabía que no eras demostrativo como la abuela. Eras gracioso, nos hacías reir y también nos retabas mucho, pero, ¿qué importaba? Te hacías querer, y bastante.
En todos los años que compartimos juntos me hiciste entender que siempre ibas a estar dispuesto a ayudarme, en lo que sea. En todos los favores que te pedí jamás escuché un no como respuesta. Ahora se me vienen a la cabeza esos viernes, cuando me llevabas a la escuela en la camioneta para poder llevar el teclado a cada clase de música. O cuando nos llevaste al shopping allá por el 2001, cuando mi papá estaba en Estados Unidos y nosotros lo extrañabamos mucho. Cuando llegabas a casa con la revista "Anteojito", que nos comprabas cada mes, o esos domingos tan pero tan lindos, cuando llegabas bien temprano para hacer el asado. Incluso recuerdo nuestras últimas aventuras, ese día del amigo que me llevaste a Capital a rendir el parcial de Sociedad y Estado y me esperaste en un barcito cerca. No puedo seguir enumerando porque se hace muy extenso, pero está claro que podría seguir varias líneas más.
Todos mis amigos te conocían, eras el denominado "abuelo fiestero", porque ahí estabas cada sábado en la puerta del boliche esperandome para hacernos entrar gratis o darnos alguna entrada. ¡Cuántas veces te habrás aguantado hasta largas horas de la madrugada para hacernos pasar! Pero a vos no te importaba, con tal de ayudar a tus nietos ibas a hacer todo lo posible.
Te fuiste muy rápido abuelo. No pude disfrutarte mucho tiempo, ¿por qué? Esa mañana de hace dos años atrás jamás se me va a borrar de la cabeza, simplemente el mundo se me vino abajo. Sentí muchisima culpa por no haberte ayudado en lo único que me habías pedido en tu vida. Vos querías un favor, y yo, totalmente egoísta, te hice esperar. Desde ese momento supe que me iba a arrepentir siempre de mi decisión, pero luego entendí que todos nos equivocamos, somos humanos. De alguna manera vos me hiciste entender que estaba todo bien, que no me preocupara más por eso, pero es algo que, lamentablemente, siempre va a dar vueltas en mi cabeza.
Hoy hace dos años que no estás con nosotros. Los días, los encuentros, cumpleaños, fiestas, y la vida misma no son lo mismo sin vos. Ya no sirve llorar ni lamentarse por nada, tan sólo pensar en todos esos momentos que me hiciste sentir completamente feliz. Todos te recordamos de la mejor manera, porque como leí alguna vez, "los hombres que son recordados no se mueren nunca".
Siempre vas a estar vivo en mi memoria y en mi corazón. Te llevo hasta en la piel, y es una manera más de sentir que estás conmigo cada día. Todo lo que hago es por vos, porque quiero que estés orgulloso de mi, así como yo siempre voy a estar orgulloso de que vos hayas sido mi abuelo. Los "gracias" quedan demasiado chicos, no hay palabra que alcance para agradecerte cuánto fuiste para mi
Ojalá en algún momento nos volvamos a ver, para darnos ese abrazo que tanto anhelo. Mientras tanto, y como dice una canción, "hoy te sueño y te juro que siempre te voy a extrañar"
miércoles, 21 de julio de 2010
"El hospital de todos"

Reconocer el hospital de Clínicas no resulta difícil: el edificio de 17 pisos se impone entre los circundantes y logra llamar la atención de los transeúntes desde cuadras de distancia. Ocupa toda una manzana, entre las calles Uriburu, Córdoba, Azcuénaga y Paraguay de la Ciudad de Buenos Aires, y su gran estructura edilicia hace que uno levante la vista cada vez que pasa por allí. A pesar de que las letras que componen su nombre en el frente ya no brillan como antes (acordes al deterioro que el hospital fue sufriendo con el paso de los años) resultan claramente legibles. El hospital cuenta con varios accesos, pero los dos principales -sobre las calles Córdoba y Paraguay respectivamente- son transitados constantemente por cientos de personas cada día.
Como si todavía debiera cursar mis clases de Introducción a la Salud Pública y Estadística, ingreso por el subsuelo, como todos los estudiantes de las ciencias médicas de la Universidad de Buenos Aires. Al igual que cuando debía asistir a la cursada en el aula Posadas (ubicada en el primer piso del hospital) un oficial de seguridad me cierra el paso en la entrada. Recuerdo que la primera vez que me encontré con él (cuando comenzaba mis estudios y me sentía uno en un millón) debo confesar que me asusté y lo primero que me vino a la cabeza fue replantearme si verdaderamente estaba ingresando al hospital y no me había confundido de sitio, algo común siendo alumno ingresante de la facultad. Pero no, esa vez no me había equivocado y cumplí con el pedido del guardia: "por favor, abra su mochila". Me pareció absurdo que, siendo un simple estudiante (incluso si fuera paciente también), debía mostrar mis pertenencias para ingresar, pero como según me aclaró luego de que le preguntara, era "una medida obligatoria de la política interna del Clínicas". Los primeros días resultó ser algo bastante engorroso, pero a medida que pasó el tiempo el guardia que estuviera de turno ya me conocía la cara y me ahorraba dicho procedimiento.
La vida en el Clínicas
No fue fácil adaptarse a la vida del hospital, algo que ya me habían advertido de antemano. Resultó muy chocante pasar de estar en un aula de veinticinco metros cuadrados a transitar esos pasillos interminables, rodeados de centenares de personas, las cuales parecían estar en su mundo y pasar por al lado tuyo como si no existieras. A medida que se sucedían los días, fui aprendiendo los "códigos del Clínicas", como no usar nunca los baños del primer piso (en un estado de abandono total) o si contás con algo de tiempo siempre es recomendable usar la escalera antes que el ascensor.
La guardia del hospital está ubicada a unos metros de la entrada principal, siempre atestada de gente, que durante el día hace horas y horas de cola para tal vez nunca ser atendido. Bebés que no paran de llorar, niños aburridos que se dedican a correr por los pasillos para pasar el tiempo, personas mayores que "luchan" por conseguir un asiento o personas con alguna discapacidad física conviven a diario en este sector. Como los bancos nunca alcanzan, era común ver a gente sentada en el pasillo, obstruyendo el paso de las tantas camillas que salen a varios kilómetros por hora desde el sector "Urgencias". Eso quizás era lo peor de todo: tener que ver a pasar a médicos y enfermeros, escoltando una camilla con alguien convalenciente sobre ella, hacia algún quirófano o sector especial cercano, a toda velocidad y tratando lograr pasar entre tantos obstáculos.
Una voz autorizada
Alicia, una mujer que ronda los sesenta años de edad y que asistió siempre al Clínicas, regordeta y con el pelo atado, me abre con una sonrisa enorme las puertas de su departamento, a tan solo unas cuadras del hospital. Con un gesto me invita a pasar y en seguida puedo notar que es una gran anfitriona.
-Pasá, ponete cómodo. ¿Así que querés hablar del hospital escuela, no? Sentate que ahora te cuento-dice, mientras prepara mates.
Mientras comenzamos a hablar logro darme cuenta que no tiene problemas en expresar lo que piensa. Alicia recuerda con nostalgia lo que fue el Clínicas hace tantos años atrás, cuando brillaba en su época de apogeo. "Fui al hospital durante toda mi vida. Por una cuestión de cercanía más que nada, y porque todos sabíamos que tenía muy buenos médicos. Si te atendías ahí, era garantía de confianza", comenta.
El tiempo pasó, y nada volvió a ser igual. Alicia es uno de los tantos jubilados argentinos que luchan por una atención en la salud pública, reclamando constantemente ante una obra social que a veces parece no existir.
-¿Cuáles son los principales cambios que notás en el hospital?
Mi pregunta parece desatar una bomba y la señora mayor comienza a opinar con total sinceridad.
-Muchos, totalmente. Empezando con los ascensores, ¿a vos te parece que una persona como yo puede usar las escaleras? Antes entrabas y te decían "allá tenés los que van a los pisos pares, del otro lado los impares; esos son los del personal médico y aquellos los del público". Ahora si encontrás uno que ande tenés suerte, sino arreglatelas con subir esas escaleras. La suciedad también es algo notable, ¡es un hospital! Sin embargo ves por todos lados que está todo descuidado. Y yo me pregunto, ¿ a dónde va a parar la plata que recibe el hospital? Porque algo le tienen que dar, pero andá a saber qué hacen con esa plata.
La indignación sale a flor de piel, y entiendo totalmente a Alicia y a las tantas personas que conocieron el esplendor del hospital escuela y que ahora deben conformarse con lo que es en la actualidad. "Ni siquiera ahora están los mejores doctores, porque está claro que se van, no les conviene trabajar ahí. Conseguir un turno es una odisea, y que te atiendan es un golpe de suerte. En los años '60, '70 era totalmente distinto", agrega, resignada.
Me despido de Alicia, sin antes agradecerle por su tiempo y el recibimiento. Mientras camino las pocas cuadras de distancia entre su departamento y el hospital, pienso en que no exageró en todo lo que me contó. Basta tan sólo con hechar un vistazo a lo que fue y a lo que es ahora para comprender cuál es la realidad.
El deterioro deja heridas
Hace unas semanas atrás, la noticia de que un ascensor se había caído en el hospital de Clínicas "José de San Martín" circuló por los medios. De las doce personas que había en su interior, siete resultaron con heridas de gravedad. Según informó el personal del nosocomio, es el décimo accidente con ascensores en los últimos diez años, una estadística que asusta.
Las quejas de pacientes, médicos y estudiantes se multiplican por doquier, pero nunca encuentran respuesta. Parece ser que como es característico en Argentina, hay que esperar a que suceda una tragedia para que se empiece a actuar al respecto.
La institución que durante varias décadas fue modelo en toda América Latina, cuenta con 17 pisos, 23 ascensores, 23 quirófanos, 50 salas de internación, 3000 empleados, de los cuales 1000 son médicos realizando sus pasantías. Su construcción comenzó en 1879 y en 1884 se oficializó su traslado a la Universidad de Buenos Aires. En sus pabellones se logró la primera aplicación de insulina, la descripción de la enfermedad de Ayerza, el síndrome de Tobías, los síndromes de Castex, el primer cateterismo cardíaco y las primeras residencias médicas, las primeras punciones de riñón y las primeras toracotomías, entre otros grandes logros que parece que quedaron en un pasado muy lejano.
Del gran hospital que alguna vez fue, sólo funcionan 5 ascensores sin la debida habilitación, escaleras inutilizadas debido a la basura que hay desparramada allí y diversas goteras que las convierten en un arma mortal, 12 quirófanos. 23 salas de internación y un casi inexistente presupuesto para insumos. En algún momento en la historia de esta institución escuela, estaban disponibles entre 800 y 1000 camas, de las cuales sólo quedan 200.
Cuidado, riesgo de caída
A medida que se logra subir por las escaleras, se pueden encontrar pisos totalmente abandonados y a oscuras, basura acumulada (desde papeles hasta camillas destruidas), escombros e incluso graffitis. Los únicos carteles con indicaciones que se repiten, escritos a mano, rezan "cuidado, peligro de caída" en la mayoría de las barandas.
Macarena es una estudiante de medicina, de 22 años, que debe cursar varias materias dentro del hospital.
-A mi me da miedo venir sola, tengo clases en el quinto piso y nunca hay nadie. Siempre tratamos de venir en grupos, por si las dudas. Te podría estar pasando algo y nadie se entera- cuenta, mientras se alisa el ambo color blanco que lleva puesto. A pesar de tener cientos de quejas sobre el edificio, la joven estudiante admite que el hospital continúa siendo uno de los principales elegidos para hacer las residencias "porque a pesar de todo, sigue siendo el Clínicas", aclara, explicando que muchas veces desde el centro de estudiantes se trató de pensar medidas que ayuden al mantenimiento del hospital, pero que nunca se pudieron llevar a cabo. Como ella hay cientos de estudiantes más, de las diversas carreras correspondientes a las ciencies médicas de la UBA, que deben agruparse en aulas sin ventiladores ni calefacción, con capacidades mínimas y algunas hasta sin ventanas.
Laura es docente de la cátedra de Estadística para la carrera de Nutrición desde hace más de diez años. Su mirada es afectuosa, pero cuando habla impone autoridad. "Hace años que tengo que dar clases en el aula Posadas, que está toda recubierta de madera y no tiene salidas de emergencia ni ventanas. Siempre le digo a los alumnos que no tapen los pasillos porque si llega a ocurrir alguna desgracia, ese lugar es una trampa mortal", asegura la profesora, molesta e indignada. Reconoce que hace años que viene discutiendo por un cambio de aula con las autoridades del hospital, pero que siempre resultó en vano, "porque no hay más aulas disponibles, es lo que tenemos", agrega resignada.
Un médico, por favor
Para los cientos de doctores que realizan su labor en el hospital, resultan ya normales las condiciones edilicias y materiales con las que trabajan día a día. A pesar de que muchas veces deben luchar por situaciones que consideran límite, piensan que ya forma parte de la institución. Maximiliano, médico residente en pediatría, es uno de ellos y reconoce que la situación cada vez se torna más difícil. "Hoy en día resulta un poco imposible poder trabajar tranquilo. Faltan doctores, enfermeros, y el hospital colapsa. Las condiciones higiénicas no son las adecuadas. Y ni hablar de los sueldos, eso es un tema aparte", cuenta el joven profesional, hablando sobre algo que ya no resulta novedoso. "Muchas veces pienso que podría estar trabajando en otro lado, pero al mismo tiempo aparecen en mi cabeza todas las personas que vienen a tratarse acá y que tienen derecho a ser atentidos, pese a todo", reconoce. Sin embargo, en algunas ocasiones, el personal realiza cese de actividades como forma de protesta ante las malas condiciones de trabajo, lo que genera otra situación con la que tiene que lidiar el público que concurre al Clínicas.
Una mirada al futuro
Pensar hoy en una solución a corto plazo para el hospital resulta una utopía. Son tantas las cosas que se necesitan mejorar que llevaría mucho tiempo tratarlas a todas, sobre todo si todavía no se ha emprendido la tarea, ni siquiera tomado conciencia por parte de las autoridades. Los cambios tan bruscos no se suceden de un día para el otro, y hace años que el Clínicas permanece en este estado.
Resulta primordial una atención y protección de los responsables ya que es de vital importancia para la salud púlica, pues no sólo se presta atención médica sino que es el lugar de formación para los futuros sanitaristas argentinos.
Mientras tanto, el hospital seguirá su curso como hasta ahora, avanzando hasta donde sea posible. Una buena iniciativa, sería dar el primer paso juntos, tomando el respeto y la predisposición como los pilares ideales para la construcción de un nuevo y mejor hospital para todos.
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